Un oso se hallaba hibernando, pero mientras dormía construyeron una fábrica sobre su cueva, al salir no la reconoció y los que le veían le enviaban a trabajar alegando que el era un trabajador peludo, sin afeitar y con un abrigo de piel; él replicaba ─soy un oso─ pero nadie le creyó. Así fueron donde el capataz, el primer vicepresidente, el segundo vicepresidente y el presidente y todos acertaban a decirle que era un trabajador peludo, sin afeitar y con un abrigo de oso que se negaba a trabajar y que por demás los osos verdaderos estaban en los zoológicos o en los circos. Luego de tanta insistencia el oso gruñó, desgarró los escritorios y arrojó lejos las estanterías, arrancó la ropa de los empresarios y propino serias heridas a todos.
Moralejas:
1. Aunque la mona se vista de seda oso se queda.
2. Hay unos ciegos y otros que se hacen.
3. Para un jefe lo importante no es la apariencia si no el trabajo.
4. En horas de oficina, una pausa activa, libera el stress.