Dice Malba Tahan autor de “El hombre que calculaba” que en un cerro estaban estos tres predadores y en la llanura divisaron tres presas: un conejo, un jabalí y un ciervo. El león le pidió a la hiena que repartiera y así lo hizo la interpelada. "Para ti mi señor el ciervo que es grande como tú mismo, el jabalí debe pertenecer al tigre y yo me quedaré con la liebre". A su repartición recibió un zarpazo de león descontento con su parte; la hiena cayó muerta y el león pidió entonces al tigre que repartiera él, que era más sabio que la hiena y el tigre repartió así: "el ciervo para ti que te dará calorías para tus hazañas, el jabalí debe ser para ti en caso de que tú hambre no haya sido saciada y la liebre debe ser para ti y que te sirva de postre". El león quedó contento con la sabiduría del tigre.
1. Un león necesita muchas calorías.
2. La sabiduría es cuestión de método.
3. Si se tiene dientes y zarpas no es necesario estudiar ni ser bueno en matemáticas.
4. Las matemáticas del más fuerte son exactas.