Un ciervo le pidió a una oveja un poco de trigo en préstamo. Como la oveja le puso un poco de reparo, el ciervo dijo que ponía de aval al amigo lobo, del cual habló ser muy lego, llano y abonado. La oveja interpeló al ciervo que si aquel no tenía más finca que sus dientes y él las piernas para huir valiente, no había manera de cobrar lo que se le prestara y que por tanto, nanay de nanay.
Moralejas:
1. Desconfiar es en extremo necesario.
2. Ni lobo, ni león son buenos fiadores.
3. Un ciervo tampoco paga deudas.
4. Lo mejor para evitar es Nanay de nanay.