Un sapito se estaba mojando bajo una lluvia intensa fue a tocar a la casa del pájaro carpintero. Tocó en la puerta de éste y le pidió el favor de dejarlo escampar allí. El pájaro le contestó: “No señor esta casa es mía y solamente mía”. Un rato después, el sapito muy empapado rogó de nuevo al pájaro le dejara escampar; el pájaro se enojó y le dijo tres groserías, le sacó en cara su desidia por el trabajo y su pereza y le dio un portazo en la cara. Más tarde y aún más empapado, el sapo volvió por tercera vez, pero no cambió más que la agresividad con la que lo trató el pajarito: más enojado, más insultos y de nuevo el portazo.
Moralejas:
1. No nos hagamos tarugos que los sapos son anfibios y no odian el agua, así que el pájaro hizo bien en dudar de la honestidad de un sapo.
2. Si ya le dieron un portazo, ¿a que va por el otro?
3. La tercera no siempre es la vencida.
4. Mientras más mojado el sapito más duro el pajarito.