Cuando caminaba el león por la selva se le clavó una astilla en la pata trasera y rugía y rugía, pero la astilla permanecía en su sitio provocándole un intenso dolor; cansado, adolorido y hasta hastiado, no le provocaba ni cazar ni comer y así se la pasó por unas cuantas semanas, hasta que un conejo orejudo que pasaba por los dominios del león, se le acercó intrigado y el león le contó su fatídica historia. El conejo sabihondo le retiró la astilla. El león recuperó el apetito y devoró al conejo.
Moralejas:
1. No hay astilla pequeña, ni enemigo tarugo
2. Suprimida la causa el efecto desaparece, y suprimir el hambre requiere comer.
3. Esas tonterías de la gratitud y el afecto no funcionan sino en la religión.
4. Si sabes mucho, trata siempre que los demás no lo sepan.
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