A mi me contaron que una zarigüeya, que era perseguida, rogó que no le hicieran daño y se metió a una cueva rogando a los dioses que le construyeran un muro o que hicieran invisible la entrada de la cueva para que los leones perseguidores y muertos de hambre no la encontraran. Al margen del asunto una araña comenzó a tejer una de sus redes a la entrada de la cueva. Los leones se acercaban y la zarigüeya rogaba con más ánimo a sus dioses. La araña seguía su trabajo sin afanes. De pronto los leones siguieron el rastro hasta la entrada de la cueva, pero uno le dijo a otro: ¿A donde vas idiota?, ¿No ves que hay una telaraña a la entrada y que nadie pudo haber pasado por ahí? Acto seguido los leones tomaron otro camino y la zarigüeya se salvó.
Epílogo: Luego que la zarigüeya agradeciera a sus dioses por las maravillas de la araña y por haberla salvado, salió de su escondite y fue atrapada y devorada por la araña hambrienta.
Moralejas:
1. Los designios de los dioses son incomprensibles y en la mayor parte de veces: ridículos.
2. Una telaraña no detiene un león hambriento, ni por designio divino.
3. Las arañas también rezan a sus dioses cuando tienen hambre.
4. Todos los animales son hijos de dios y tienen dios.
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